Orar es hablar con Dios, así como hablamos con alguien que nos ama mucho. Cuando los niños oran, aprenden que nunca están solos: Dios los escucha cuando están felices, tristes, asustados o agradecidos.
La oración no necesita palabras difíciles. Dios entiende el corazón de cada niño. Al orar, los niños aprenden a confiar en Él, a darle gracias por lo que tienen y a pedir ayuda cuando la necesitan. Jesús mismo enseñó a orar y mostró que podemos acercarnos a Dios con confianza. Por eso, orar es importante: porque nos ayuda a tener una amistad con Dios y a recordar que Él siempre nos cuida y nos acompaña.
“Oren en todo tiempo.” (Efesios 6:18)
Y una versión todavía más cortita para decir en voz alta a los chicos:
“Orar es hablar con Dios. Él siempre nos escucha, nos ama y quiere acompañarnos en cada momento. Cuando oramos, nuestro corazón se acerca más a Jesús.”